miércoles, 9 de noviembre de 2016

¡Qué bonito es ser un maestro ...

... y que todo el mundo te admire! ¡Qué hermoso es que todos te sigan y se dirijan a ti llamándote sensei! ¡Que espléndido es saber más que nadie y que tu palabra sea ley! ¡Qué maravilloso es tener la última palabra sobre lo que está bien y lo que está mal! ¡Qué bien sienta ser mejor que los demás!

Los que me conocéis ya sabéis que un rasgo de mi carácter es la ironía. Así que, por si alguien no lo ha notado, todo lo exclamado al inicio tiene un tono marcadamente irónico. Por otro lado, para finalizar la introducción, la entrada de hoy va un poco sobre la enseñanza, más concretamente sobre los sensei que se creen senseis. Si alguien quiere revisar otras entradas relacionadas con la enseñanza puede mirar aquí, aquí o aquí.

He comenzado de una manera tan atípica por que creo que estas afirmaciones deben ser, al menos en mi imaginación, las que resuenan en las cabezas de aquellos que quieren enseñar, no por los demás, sino por ellos mismos y su ansia de estar en una posición más alta que la del resto.
Lo primero que podría decir es que obviamente se quedan con una visión parcial e idílica de lo que supone enseñar e ignoran todos los compromisos que conlleva ser un profesor (reservaré el término maestro para otras ocasiones). Desde mi punto de vista, ignoran, desconozco si de manera voluntaria, muchas cosas, pero hay dos especialmente relevantes: la calidad de su enseñanza y la responsabilidad que supone enseñar cualquier cosa.
Yo, en lo que a mi respecta, después de todo el tiempo que llevo recorrido en este mundo y, específicamente en el mundo marcial, solo reconozco a un buen profesor cuando tiene estos dos rasgos:
  • sigue dispuesto a aprender.
  • es vivo ejemplo de lo que predica.
Igual os preguntáis por qué no he introducido entre los rasgos la calidad del mensaje. Aunque tengo que reconocer que el contenido de la enseñanza es crucial, la verdad es que la resolución de este dilema es es sencillo, si te gusta el mensaje prueba a profundizar. Si no te gusta, la decisión se me antoja clara. 
Desarrollando el primer punto, si alguien tiene ganas de aprender, es que considera que no lo sabe todo. Esto, para mi gusto, es una buena señal, ya que si una cosa tengo segura es que no se puede saber todo. Además, por pura lógica, y centrándonos en las artes marciales, alguien que lleva mucho tiempo aprendiendo y que todavía no le parezca suficiente, sugiere que debe haber aprendido mucho (por poco interés que haya puesto en satisfacer este prurito). Por otro lado tenéis la cruz de la moneda, si os encontráis con alguien que se autoproclama maestro, que no necesita nada de nadie por que su conocimiento suficiente, por favor, alejaros si queréis mantener vuestra salud mental intacta. Por si acaso os doy dos pistas más para reconocerlos: suelen despreciar el trabajo de otras personas y no dejan a sus súbditos ir a otros sitios a aprender ya que, al estar en contacto directo con la fuente, lo único que puede pasar es que se contamine la pureza del mensaje.
En lo que respecta al poder docente del ejemplo, solo puedo decir que el que alguien te enseñe de la mejor manera posible es un privilegio. Tengo mi mente varios figuras que me han hecho, hasta cierto punto, ser como soy. En estos casos que os comento, la enseñanza es natural ya que no hay nada que fingir ni nada que esconder, uno es lo que dice. Para mi gusto, esta es la mejor manera de enseñar, ser un ejemplo y esto no es más que hacer lo que se dice que hay que hacer. 
Para finalizar aclararé que afortunadamente conozco personalmente a pocas personas que estén en esta situación (sensei que quiere ser sensei) y también por fortuna no tengo contacto frecuente con ellas, pero si tuviera que decirles algo sería que intenten estar a la altura de lo que le exigen a sus estudiantes o, mejor todavía, que estén a la altura de la imagen que tienen de ellos mismos.

4 comentarios:

  1. Nunca se deja de aprender y nunca se llega a saber todo, y por ello no hay que dejar de buscar y de tener curiosidad por las cosas, ademas de tener una mente abierta para cambiar de direcccion de pensamiento , el que crea que si lo sabe todo , ya demuestra que sabe muy poco. Interesantes reflexiones :-)

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  2. Como extensión a lo ya dicho, solo añadiría que, en realidad, ambos defectos forman parte de la persona en cuestión, ya se sea sensei o alumno raso.
    El placer de aprender cada día algo nuevo, y no solo en la cuestión de una actividad concreta, es algo muy personal y considero que tiene que ver con la visión que tenemos del camino que tenemos por delante. En nuestro caso, la inexistencia de un final concreto hace que sea virtualmente imposible pensar que se sabe todo. Es por eso que no puedo entender que no se pueda aprender algo nuevo cada día, ya sea del sensei o de los sempais, dohais o kohais con los que practicamos.
    El segundo punto creo que es bastante más dificil de conseguir. De hecho, en cierto modo pienso que está relacionado con el primero ya que alguien que piense que es la viva imagen de lo que predica, probablemente esté equivocado. Del mismo modo que cada día hay que intentar activamente aprender algo, hay que esforzarse en comportarse y vivir según lo que se trata de enseñar. Entiendo que esto último es especialemente importante en nuestra actividad como aikidocas, ya que es con nuestra práctica, más que con nuestras palabras, como deberíamos expresarnos en el Dojo.

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  3. En mi experiencia personal en el caminar del budo, he tenido la suerte de encontrarme con auténticos senseis. Me refiero a 8 danes de kendo y de escuelas tradicionales de kenjutsu, todos ellos japoneses. Lo que más me llamó la atención de su carácter fue: eran personas normales y corrientes.

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  4. En el proceso de enseñanza-aprendizaje es difícil determinar cuando debemos estar en uno u otro lado del guión. Yo tengo vocación de estudiante, aún, aunque podría dar clases de muchas cosas título en mano. No obstante no me puedo substraer a seguir aprendiendo, con humildad y con atención por todo aquello que tiene "valor". Gracias sensei.

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