miércoles, 2 de enero de 2013

El papel del profesor

Ahí va la primera entrada del año. No doy más pistas, el que quiera saber más tendrá que entrar en el artículo completo.
Antes de empezar traigo a vuestra memoria dos articulillos que hay en el blog que están relacionados con el tema de hoy: uno trata sobre el compromiso y otro de publicación más reciente sobre la dirección de la enseñanza. Bueno, empecemos sin más dilación ...

Muchas veces reflexiono sobre el papel del profesor. Posiblemente se deba a que tradicionalmente he tenido lejos, geográficamente hablando, a mis Maestros. Esto ha tenido sus problemas, pero también sus ventajas. Podría extenderme mucho sobre esto pero, para variar, hoy quiero ir por otro camino.
Concretamente mis inquietudes transitan hoy por lo que hay que dar a los alumnos. Mi eterno dilema es cuánta dedicación hay que poner en cada persona o, mejor dicho, si hay que personalizar la instrucción que se da a cada uno o no. Supongo que muchos os preguntaréis donde reside el dilema. Parece obvia la respuesta, ¿no?
Intentaré explicar porque yo no lo tengo tan claro. Como decía, las dos posibles respuestas son que o bien hay que dar a todos por igual o bien que, por contra, a cada uno hay que darle en función de algo sin determinar todavía. A favor de la primera opción está que todas las personas independientemente de su raza, edad, sexo o confesión tienen los mismos derechos, para eso estamos en un estado de derecho con su constitución, sus impuestos y todas esas mandangas tan útiles. Por si fuera poco, sabemos que cuando alguien paga sus cuotas tiene el mismo derecho a recibir la misma enseñanza que los demás, ¿no?
Sin embargo mi opinión se inclina, pese a las dudas, mucho más hacia la otra opción. Pienso que a cada uno debe "enseñársele" (si es que se enseña algo) en función de sus necesidades y sus facultades. Es obvio que no todo el mundo tiene la misma aptitud para aprender y por tanto la enseñanza debe adaptarse a las condiciones de cada caso. De todas formas a mi juicio hay un factor más importante que imagino que no todo el mundo compartirá. Este factor, todo un vip en este blog, es la actitud o su manifestación externa más notable: el grado de compromiso que se tiene con la práctica del aikido.
Antes de continuar quiero compartir con vosotros otro fragmento de un libro que me encanta (os recuerdo que este libro se puede adquirir en formato tradicional o ebook) y que reafirma una de mis obsesiones, la seriedad y el compromiso con la práctica de un Do:
La participación en un Ryu (1)  representa un compromiso serio ya que no está destinado primariamente a la adquisición de capacidades técnicas, [...]. El conocimiento de las técnicas puede ser legado, pero alcanzar la verdadera destreza en ellas, no importa como de efectiva sea la instrucción, sigue siendo siempre una cuestión intensamente personal. A pesar de los ingeniosos argumentos de venta, [...], nadie puede simplemente darte habilidad. Debes encontrarla por ti mismo.
Cada vez que alcanzas un nuevo nivel de conciencia y entendimiento, te encuentras de hecho aprendiendo la naturaleza de La Vía. Consecuentemente, y a pesar de ser un error muy frecuente, la práctica de un budo no está dirigida a enseñar a los estudiantes como derrotar un oponente (un arma sería más eficiente), y hay maneras más rápidas de hacer una buena taza de té que las se encuentran en el chado. En Las Vías, las técnicas y los métodos son un vehículo para seishin tanren (2).
Sin entrar a valorar la práctica del "aikido recreativo", debe quedar claro que practicar aikido (y otros Do) es una de las raras situaciones en las que pagar te da más compromisos que derechos. Quizás otro día sigamos hablando de esto pero, por centrarnos un poco, en el texto que os he traducido hay un detalle importante que quiero remarcar: la responsabilidad del aprendizaje reside, fundamentalmente, en el propio practicante.
Imagino que alguno podría pensar así: ¡Toma ya!  ¡Esta sí que es buena! ¡Además de pagar la mensualidad, pagar la licencia, pasar la mopa antes de la clase, ponerme con los principiantes, asistir voluntariamente a los cursos, vender lotería, ... va y resulta que debo aprender por mi mismo! ¡Sí señor!, se podría decir que esto sí que es un negocio redondo.
Desgraciadamente esto es así, o por lo menos yo lo veo así. Es un camino duro y por ello es lícito dar más a los que más dan y menos piden. Por tanto, aunque siempre intento ser justo, no esperéis que trate a todo el mundo por igual. Lo digo especialmente por los que esperáis algún tipo de reconocimiento externo (derecho a exámenes, grados o algún tipo de trato especial) y no lo obtenéis. Igual espero algo más de vosotros y eso que esperáis debéis ganároslo con el trabajo diario.
Bueno, no hay nada mejor que una entradita intrascendente para comenzar el año. Espero que os anime para continuar el camino con más energía si cabe ;)
Saludos varios.

Notas de la traducción.
1. Aunque Ryu hace referencia a un concepto más complejo y no es exactamente lo mismo se podría intercambiar por Do.
2. Es un concepto sobre el que hablaremos otro día y que se puede traducir como la forja del espíritu. 

3 comentarios:

  1. Para variar, estoy de acuerdo contigo. Yo, cuando fui profesor hace ya unos años (de informática para niños y mayores), daba la clase general para todos igual, pero me tomaba mis momentos para personalizar algunos conceptos. Por supuesto también tenía en cuenta la entrega y dedicación de cada uno, y sé que alguna vez a alguien no le ha parecido bien que no le hiciese mucho caso. Tal vez si esa persona se hubiese mirado a sí mismo primero y su actutid en clase hubiese sabido porqué.
    Pero bueno, siempre he pensado que " la resonsabilidad del profesor es enseñar, no dar clase, y la del alumno aprender, no ir a clase"

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  2. El papel del profesor es importante y debe ser vocacional, y eso se nota, pero el papel del alumno no es menos importante, y estoy de acuerdo en que debe estar comprometido y entregado al aprendizaje....por muy bueno que sea un profesor si el alumno no quiere y no esta interesado en la materia no aprenderá y no habrá nada que hacer...en el aikido ademas es diferente, en el sentido de que es una via que decide uno emprender conscientemente, no hay obligaciones como en una enseñanza reglada, y el maestro esta para guiar, pero el camino lo ha de andar cada uno por si mismo......

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  3. Quisiera comentar que por si fuera poco pagar la mensualidad, pagar la licencia, pasar la mopa antes de la clase, ponerse con los principiantes, asistir "voluntariamente" a los cursos y vender lotería, además hay que publicar en el blog y en el Facebook... mucho curro, sobre todo siendo todos principiantes :D.
    Ahora en serio.
    Ignoro si alguien piensa que debería tener más atención del maestro o que la forma de enfocar las clases no es la más adecuada. En cualquier caso, cada cual debería hacerse como mínimo dos preguntas a fin de comprender cuál es su sitio en el Dojo.

    En primer lugar está la cuestión referida a qué aportamos al grupo. Trataré de explicarme. No se trata solo de pagar y practicar. Pertenecer a un grupo como es un Dojo no se debería limitar a acudir a las clases en mayor o menor medida, se trata como mínimo de participar en las clases de una forma proactiva; y no me refiero a responder a las preguntas del maestro sino a asumir que con cada palabra, cada gesto y cada técnica que tratamos de realizar estamos aportando algo positivo o negativo al grupo. Este aspecto no depende de la calidad técnica, sino de la calidad humana.

    En segundo lugar está la cuestión de la enseñanza en sí misma. Perdonadme por la herejía, pero el aprendizaje del Aikido no es algo muy diferente del aprendizaje de otras actividades vitales o lúdicas. Nada se puede aprender sin interés real, y no importa que se trate de aprender un idioma o un arte marcial. Cuando las cosas se complican es cuando se demuestra el compromiso, no con la actividad sino con uno mismo. Así, la pregunta que yo me hago es qué estoy dispuesto a sacrificar para continuar en la Vía. Si me diera pereza ir al Dojo porque hacer frío, calor o porque prefiero hacer cualquier otra cosa, me plantearía seriamente por qué practico Aikido, pero eso será otro capítulo.

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